La velocidad de los cambios

Sé que a ti también te pasa. Tienes la misma sensación que yo. Todo cambia muy deprisa.

Sé que tanto cambio te estresa mucho, pero peor lo tienen otros. Por ejemplo, los tertulianos de la Sexta.

Imagínate por un momento que te conviertes en un tertuliano. Hoy debes aprender cómo se transmiten los virus, para mañana apréndete cuál es el proceso de creación de una nueva vacuna, la semana que viene debes tener claro todo sobre volcanes, además de entender el porqué de la hiperinflación, luego la tendrás que saber por donde pasan los gasoductos…

Da pereza solo de oírlo. Pero no puedes vivir ajeno a los cambios.

No lo intentes

Si te resistes y te niegas al cambio, te quedarás obsoleto. Serás como ese móvil que guardas en la mesita de noche.

Los cambios en general los tienes que ver como algo positivo, eso si, siempre y cuando sean en su justa medida.

No hace falta que estés al día de todos los cambios. Es algo estresante y requiere de mucha energía. Pero tampoco puedes negarte y ser el único que aún no se ha instalado el WhatsApp y que pretende que se comuniquen con él a través de SMS (basado en hechos reales de hace un par de años #TrueStory).

Bueno, igual me he puesto en plan radical. Te puedes permitir vivir ajeno a los cambios siempre que tengas un oficio muy artesanal. Si eres alfarera, pastor de cabras, mariscador… También te puedes librar si te conviertes en ermitaño.

Vamos al tema que ocupa esta publicación. La velocidad de los cambios.

Del modo en que vivimos, el cambio se respira como algo habitual.

Se te van presentando de forma secuencial y se te van acumulando.

Como el eslogan de los Pokémon: hazte con todos.

Si te esfuerzas, los cambios te ayudarán a ser mejor y obtendrás nuevas habilidades.

Pero mantenerse actualizado tiene un coste en tiempo y energía.

Pero tiene premio.

Si te vas actualizando poco a poco te convertirás en una persona de alto rendimiento. 

Yo estoy en ello. Tal vez con el tiempo logre demostrártelo.

Pero… otra cosa es cuando los cambios no los decides ni los gestionas tú.

Por ejemplo, tal vez en tu trabajo no hace mucho que han implantado alguna nueva metodología, o te han sugerido que hagas algún cursillo para aprender a hacer tu trabajo de forma más eficiente, aprender una nueva aplicación…

Toca actualizarte. Con lo bien que se te da. Ya tienes todo dominado y ahora te lo cambian. Siempre por tu bien.

Take it easy. No te hagas mala sangre, el que lo pensó lo hizo pensando en mejorar alguna cosa. Analizó la situación, tomó una decisión y te toca cambiar a ti.

Todos son pequeños cambios que suman en tu día a día siempre para mejor.

Esta situación nos está pasando a todos con mucha frecuencia. No sé tú, pero a mí se me acumulan muchos cambios.

Muchos cambios y muy rápidos

Si me conoces de hace tiempo sabrás que soy un tipo tranquilo. Pero te diré que si hace tiempo que no me ves te diré que ahora lo soy más.

Desde que descubrí el mindfulness y en definitiva trato de estar más presente, me doy cuenta de que tanto cambio es difícil mantener este estilo de vida tan ‘hierbas’.

Puede sonar a excusa. No lo es.

Si me conoces, ya sabrás que no me gusta que me quiten algo de las manos, que me mientan o que me digan excusas. Por lo tanto, algo que a mí no me gusta que me hagan, yo jamás lo haría.

Permíteme que me justifique.

Cuando se me amontonan muchos cambios y no me puedo concentrar en lo verdaderamente importante acabo como un pollo sin cabeza.

gallina minecraft

Así que primera lección: Que no te entre la prisa. Tómate los cambios con calma.

La velocidad en realizar el cambio no te va a aportar mucha ventaja si no ejecutas bien todo lo que implica ese cambio.

Un factor que te ayudará mucho y que me gusta decir en estos casos: no se trata de ser inteligente, sino de ver las cosas claras.

Por eso nos toca esforzarnos por para ser efectivos antes de que nos absorban.

La clave: adaptarse y ejecutar

Ya hemos asumido que el cambio es constante y que no podemos dominarlo fácilmente

Tampoco debemos sacrificar nuestra eficiencia por la promesa de tanta innovación.

Así que hemos de mantener el equilibrio. Todo nuevo cambio que entre en tu vida tendrás que plantearlo a medio y largo plazo.

  • A medio plazo, introduce una parte del cambio como un nuevo hábito. Para que comience suavemente y que vean que estás comprometido con el cambio.
  • A largo plazo, introduce más adelante los otros mini-cambios menos significativos.

Ya sabes lo que te toca. Haz tu timeblocking y ve introduciendo cambios poco a poco y no abarques más de lo que puedas gestionar.

¿Cómo gestionarlo?

  1. Tómatelo con calma.
  2. Haz lo que puedas, pero hazlo bien. No abarques más de lo que puedas.
  3. Usa el principio del 80-20. Céntrate en ese 20% de los cambios que te hacen ganar el 80% de beneficio. Si tu entorno ve que te esfuerzas en aplicar el cambio, lo valorará positivamente.
  4. Ve incrementando el proceso poco a poco. Lo acabarás haciendo bien.

Sobretodo mantén el control

Si no te gestionas y te dejas llevar por las urgencias del día a día (headless chicken Mode on) tendrás que microcontrolar todos los nuevos cambios que has introducido.

Y si no lo haces que sepas que la larga perderás el control.

Si los cambios te limitan y se te presentan como paredes o límites, no dejes que perturben tu curso.

Así que no pares y no permitas que los cambios te atrapen.

En definitiva, suéltate y avanza con tu caos del día a día, acabarás saliendo bien parado.

Aunque tengas la sensación de que vives en un CAOS, sigue tu camino y ajústate a tu entorno. En el caos hallarás múltiples oportunidades que se escapan a la mayoría.

No hay tiempo para escribir más. Si has llegado hasta el final, te lo agradezco, me encanta que seas un buen lector o lectora. Ya sabes que si me ves me encantará que me comentes que te ha parecido.

Cualquier aporte que me hagas me ayudará para seguir creando contenidos. Si por cosas de la vida, no me sueles ver, no dudes en escribirme un comentario o algún mensaje. Me encantará hablar contigo.

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