Herramientas para tomar mejores decisiones (parte 2)

Estas para el arrastre. Tomar tantas decisiones te agota.

Me puedo imaginar un día de los tuyos. Como yo digo, un día ‘hardcore‘. Mucho trabajo acumulado, fechas de entrega, reuniones poco oportunas… Lo haces lo mejor que puedes. Miras el reloj y ves que aún te quedan tres horas más… Te das ánimos y acabas como puedes.

No te preocupes. A todos les pasa.

Sigo con tu historia. Sales del trabajo. Llegas a casa después de un largo día, y toca pensar en la cena.

Que pereza. Has de tomar una decisión. Después de todo el día tomando decisiones.

Pillas pan con algo y te apañas. No inviertes más energía en tomar decisiones.

Total, es tu alimentación. Nada importante, ¿o no?

Resulta que tomar decisiones produce fatiga (sí, otro día os hablaré sobre la fatiga de las decisiones).

Volvemos a los sesgos cognitivos. Te dejo un enlace al post anterior por si no lo recuerdas o bien no leíste el artículo anterior.

Pero no te vayas. Te lo resumo rápido.

Los sesgos cognitivos son esa predisposición que tenemos a pensar de una forma determinada.

Para facilitar las decisiones rápidas que tomamos, es bueno reconocer los sesgos cognitivos que nos pueden afectar. Tomarás mejores decisiones cuando vas en piloto automático.

Recuerda, mientras más sesgos seas capaz de reconocer, más fácil será para ti tomar buenas decisiones.

Sesgo de correspondencia

Imagínate la siguiente situación, piensa en ti y en otra persona de tu empresa. Queréis que os asciendan. Los dos habéis hecho méritos para conseguir el puesto. Lo hacéis igual de bien. Llega el momento de dar el ascenso.

Vamos a comparar dos situaciones diferentes.

Caso de éxito

Te ascienden a ti. Te dan ese cargo que tanto te has trabajado. Tu compañero lo hacía igual de bien. Por algún motivo sabes que te lo han dado a ti por lo bien que lo haces, por tus cualidades, por tu carisma y personalidad. Vamos, que eres un crack.

Pues que sepas que piensas eso porque tendemos a sobrevalorar los motivos personales internos a la hora de explicar un comportamiento exitoso a nuestro favor e infravaloramos los motivos externos como el rol o las circunstancias. En resumen, si nos pasa algo muy bueno, es porque somos buenos, no es que hayamos tenido suerte.

Caso de fracaso

Ahora imagínate la situación opuesta. Ascienden a tu compañero de trabajo. Lo primero que se te pasa por la cabeza es que ha tenido suerte. No piensas en sí hace bien su trabajo o no. Tú llevas el mismo tiempo en la empresa y por algún motivo sabes que no ha hecho tantos méritos como tú. Ha conseguido el puesto de casualidad, no ha tenido nada que ver con sus aptitudes.

Cambia mucho cuando lo vemos en los demás. Si otro compañero ha tenido éxito, tendemos a pensar que ha sido gracias a un factor externo (un golpe de suerte). Nos cuesta reconocer que ha sido fruto de su inteligencia. Y los fallos a cosas internas (estupidez, es flojo, mal carácter)…

Cuando tenemos un éxito sobredimensionamos los motivos personales internos para explicarlo. En cambio, para los fracasos pensamos al revés. Los motivos son externos y los atribuimos a la mala suerte u otras desventajas.

Para evitar pensar de esta manera, trata de ser objetivo. Es decir, intenta considerar factores medibles y no otros factores tan esotéricos como la suerte o las casualidades.

Sé que asumir que otra persona se merece algo mejor que tú no es la sensación más agradable del mundo. Pero de vez en cuando nos toca ponernos en plan ‘Mr. Wonderful‘ y alegrarse de los éxitos ajenos. Créeme, te hará sentir mejor.

En el caso que el éxito sea para ti, pues celebrarlo vive feliz pensando que la otra persona se alegrará por ti…

El sesgo del descuento hiperbólico

Este ejemplo es muy típico. Seguro que lo has sentido mil veces.

Le dices a un niño que tiene dos opciones.

  • Puede comerse un dulce justo ahora (recompensa inmediata).
  • Puede esperarse una hora y así obtendrá dos.

Saca al niño que llevas dentro y escoge.

Este sesgo nos hace pensar que dadas dos recompensas parecidas, tendemos por la que nos aporta un beneficio más rápido. Damos prioridad a tener el beneficio antes que a un mayor beneficio más tarde.

Tendemos a actuar como si el futuro estuviera demasiado lejos o incluso no existiera.

Si eres de los que prefieren la recompensa inmediata, ve con cuidado con tus inversiones. Tus decisiones están sesgadas. Considera que el factor tiempo es un factor importante a tener en cuenta.

Si no, piensa en esta situación más típica de los adultos. Te habrá pasado o bien te faltará poco para que te pase. Buscas piso. ¿Alquilar o comprar? Si te esperas a ahorrar más para poder tener comprar tu propia casa, estarás renunciando a tu independencia ahora, en cambio, si te vas de alquiler ahora, no tendrás tu propia casa hasta mucho más tarde, pero obtendrás la independencia.

En resumen, cualquier recompensa para la que tengamos que esperar mucho nos parece menos valiosa que una que llegue ahora mismo. Cómo la vemos lejos, le quitamos importancia.

Para evitar este sesgo. Considera que es aquello que puedes ganar extra si te esperas un tiempo y compáralo con la oportunidad que estás renunciando en el presente.

El sesgo del falso consenso

Tal vez te haya pasado algo parecido. Vas a la discoteca. Ves un grupo de chicos o chicas (escoge lo que más te guste, como los libros de: elige tu propia aventura). Crees que tienes oportunidades, te has puesto de gala, fuiste a la peluquería, estrenas ropa… Lo tienes todo a favor. Estas ‘on fire‘.

Reúnes valor y te acercas para presentarte. Bien, funciona.

Comienzas a hablar con la persona que más te gusta del grupo. Pasan unos minutos y se acerca otra y te dice: «disculpa, tenemos pareja. No nos interesa conocer a nadie».

Se te cae el mundo encima. Parecía que iba bien la cosa y resulta que te han cortado el rollo. Te vas con la cabeza agachada.

¿Qué ha pasado? Pues resulta que la mayoría de personas de ese grupo tiene pareja. Han salido a divertirse y dan por hecho que no quieren conocer a nadie. Todas las personas de ese grupo han supuesto que es para todos igual ¿y si esa persona con la que hablabas era la única que no tenía pareja?, ¿o tal vez tiene pareja, pero estaba abierta a conocer a alguien nuevo?

Este sesgo se produce porque las personas tienden a presuponer que sus propias opiniones, creencias, predicciones, valores y hábitos están apoyados ampliamente por la mayoría. Suele pasar en grupos de personas, clases, partidos políticos, etc.

Tendemos a sobrestimar el grado de acuerdo de los demás con el nuestro.

Para evitar que se produzca este sesgo, se debe tener en cuenta la opinión individual de cada miembro del grupo. Cosa difícil no nos engañemos.

¿A caso pensáis que todos los miembros de un partido político piensan exactamente igual? Unos pocos deciden en que toca opinar y el resto se supone que debe seguir esa idea. Si preguntáramos uno a uno, seguro que algún miembro no la comparte la última ley que han debatido… Aun así se asume que todo el grupo opina igual. Se produce un falso consenso.

No hay tiempo para escribir más, más adelante seguiré escribiendo sobre otros sesgos cognitivos. Muchas gracias por llegar hasta las últimas líneas, lo tuyo tiene mérito. Ya sabes que si te ha parecido interesante, me lo puedes comentar si nos vemos en persona. Si no nos solemos ver, siempre puedes dejar un comentario o enviarme un mensaje y así hablamos.

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