Enseña lo que sabes hacer

Te voy a explicar lo que me pasó gracias a mi web (sí, está en la que estás justo ahora).

Justo ahora estoy haciendo de tutor para alumnos que están acabando el grado medio de informática.

Para situarte mejor, son chicos de diecisiete o dieciocho años más o menos, que se encuentran en un punto decisivo en su itinerario de formación. Se acerca el momento de tomar decisiones. En unos meses han de tener claro si continúan con los estudios de informática, si cambian a otro ámbito de estudios, si empiezan en el mundo laboral…

¿Recuerdas lo importante que era tomar decisiones cuando tenías esa edad?

Hace poco tuvimos la suerte de que viniera un coach a nuestra escuela para hacer una sesión de orientación a nuestros alumnos.

Justo antes de empezar la charla a los alumnos, en un momento en el que nos encontrábamos a solas me sugirió que le enviara un curriculum.

En una reunión previa para preparar la sesión en la que nos conocimos, nos seguimos por redes sociales. Resulta que gracias a las publicaciones de mi Instagram se interesó por algo que publiqué y por algún motivo acabó mirando mi web personal que aparece en mi perfil. En unos minutos acabó sabiendo lo que hago.

Sería bueno que documentaras todo lo que haces

Las gallinas son capaces de poner alrededor de 300 huevos al cabo del año. No lo he comprobado personalmente, pero lo he encontrado en Google, que ya es algo (reconozco que me he dejado llevar y soy consciente que me ha influido el sesgo de confirmación).

gallina minecraft

Ahora te voy a decir algo sobre ti. Estoy seguro de que tú haces más de 300 cosas que aportan valor al cabo del año.

Si, lo digo en serio.

No te estoy viendo, pero me da la sensación que no te lo crees.

Ahora pensarás: «claro, este ‘tío’ se toma el café con leche del desayuno en una taza de Mr. Wondeful y por eso dice esas cosas.»

Pues tengo mis razones. Te las explico. Resulta que tú eres como la gallina de la imagen de arriba. Pones un huevo cada día.

Tu huevo es eso que haces que aporta valor: una buena idea, un dibujo muy chulo, un consejo que le viene bien a alguien…

Seguro que casi cada día has hecho algo o has aportado alguna cosa de valor por pequeña que sea.

Has estado poniendo huevos, pero no los has cacareado

Recuerdo cuando escuché esta frase por primera vez. «No es como pones el huevo, sino de cómo lo cacareas». La escuché en unos monólogos de improvisación. Desconozco si tiene origen en una frase hecha o bien fue una genialidad del momento. La cuestión es que ha influido en mi vida.

Todos hacemos cosas geniales. Pero las tenemos que ‘vender’. Si haces tu trabajo muy bien y esperas que tu potencial cliente o tu jefe lo vea y lo valore. Pues lo siento, todos están ocupados haciendo sus cosas y haciéndose ver a otros.

Hay excepciones, pero considera que por norma, no van a estar pendientes de todo lo que haces. Así que ponte a cacarear.

Llena tu web con tu trabajo, tus ideas y las cosas que te interesan. Será tu carta de presentación para muchos.

¿Qué tendrías ahora si todo esto que has ido haciendo lo hubieras documentado?

Sé abierto, comparte muestras de tu trabajo, aunque esté incompleto. Nos encanta ver el proceso creativo de las cosas (¿nunca te has quedado mirando un buen rato aquellos vídeos en los que construyen algo?).

Pública como si cualquiera que pudiera leer tu post pudiera despedirte.

Publica las cosas que crees que debería ver la próxima persona que te vaya a contratar.

¿Esto que vas a publicar puede ser de ayuda? ¿Puede ser interesante? ¿Es algo que no me incomodaría que vieran mis padres o mi jefe?

Por cierto, una cosa muy importante: tu sitio web no tiene por qué ser bonito, lo importante es que tiene que existir.

¿Lo que vas a enseñar es interesante? Ten criterio.

Antes de que te pongas a publicar tus cosas. Hazte la pregunta: ¿Y qué?

Te explico el motivo. Seguro que te pasa a diario y varias veces. Abres el insta o la red social que más te gusta y ves las publicaciones y cuando llevas un rato haciendo scroll hacia abajo piensas ¿y qué?

Esta persona que hace años que no veo se ha ido a esquiar, este se ha ido a comer un filete… cuando llevas un rato que no ves nada realmente interesante piensas: «¿Y qué?»

No tiene nada de malo, de hecho yo a veces publico fotografías de chucherías o dulces que me encantan. Seguro que alguna vez te habré hecho pensar «¿Y qué?». Ya me perdonarás, solo quiero dar la sensación de que soy un hombre dulce, pero no empalagoso.

Mejor no abusar de este tipo de publicaciones que apenas aportan valor. Si puedes dar una pincelada de algún aspecto de tu personalidad, pues genial. Todo en su justa medida.

No enseñes todo lo que no quieras que vea todo el mundo. Vas dejando un rastro por la red y en la percepción que tienen de ti todos los que te siguen.

Tampoco te estreses. Siempre sentirás esa tentación de hacer servir la red social de moda y hacer esa cosa que hacer todo el mundo y que se ha vuelto viral, no te rindas.

Si te sirve de consuelo, poca gente se acuerda del Harlem shake y del mannequinn challenge.

Hazte con un nombre y mantenlo limpio.

Si te lo curras, tu nombre llegará a ser tu propia moneda.

Piensa en cómo puedes transmitir aspectos técnicos, materiales u otros aspectos de las cosas que haces a personas que no entienden el tema.

Usa lo que tenga que ver con tu nombre para aportar valor y a la vez ganarlo. Las redes sociales o tu blog pueden ser como tu bloc de notas en el que apuntas las cosas interesantes. Te permiten pensar en alto y ver como responde la gente a esas ideas.

Una vez que compartir se convierta en una rutina, empezarás a ver temas y tendencias en aquello que compartes. Aparte de ser una buena manera de ser generoso. Además de mejorar tu trabajo, también tendrás la oportunidad de inspirar a las personas.

Sigue hasta que llegues a ser un referente.

No hay tiempo para escribir más. Gracias por llegar hasta esta línea, tiene mérito, en serio. Para mí es importante, ya que así he podido enseñarte cómo hago mi trabajo, creando contenido, guiando a personas e incluso entreteniendo a la vez que practico mi escritura.

Solo me queda una cosa más que cacarear: «coc coc coc»

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